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23 may. 2014

límite de a, cuando ene tiende a más infinito.

Y así como tantas veces, volvemos a pensar que la decisión no fue acertada.

Vemos las matices, inventamos otras tantas. Creemos en mentiras y ocultamos la única verdad, esa que reza la intangibilidad de las cosas, esa que promueve el cambio por cambiar, esa que estima la duda; y a mí me hace dudar.

Soy fiel devoto del conocimiento. Soy fiel admirador de la ignorancia y sus bastos campos de dominio. Soy reluctante ante todo eso que amerita serlo. Y prefijo infinidad de veces con tal de acotar lo inacotable.

Pero vuelvo a lo mismo, a eso ya superado, a ese espiral idóneo en locuras: al respirar entrecortado.
Veo lo que hecho y temo. Temo por el tiempo depositado allí, y dudo, y pregunto.
Imagina la desesperación de saber nada, y apostarle a todo. Imagina peor sería saberlo todo, y no apostar a nada.

Vuelvo a reprimir, o eso creo; y lo descarto: «Yo no reprimo».

Y así como tantas veces volvemos a pensar que los errores son aciertos. Y que de tanto en tanto, acertar es un error. Entonces sonrío ante mi acierto; sonrío porque la victoria se presenta, anticuada como solo ella, a rendirse homenaje.

Piensa que el tiempo no es finito, y que las posibilidades por tanto se extienden a mismo campo. Piensa y sonríe con descaro.

Tienes talento. Una inagotable fuente de premisas. Por tanto... volvemos a pensar que la decisión no fue correcta: y sabes el porqué.

Decidir es ver dos y tomar uno: es ganar y es perder. Aprende que lo ganado vale más que lo perdido, porque fue decisión pura y exclusivamente tuya.