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6 may. 2018

Recuerdos

El tiempo dio paso al no tiempo, y con ello la nada se convirtió en materia.
Fue un momento extraño, para aquellos, nosotros (los otros) que estábamos en la interminable lucha por la no existencia.

"Tendemos a mirar siempre el vaso medio vacío.", en nuestro caso: nunca hubo tal vaso.
Entonces encuentro, por los recónditos lugares de la web, un lugar en Bretaña llamado Crédin. Y me imagino andado en dos patas, sobre una larga y recta carretera, que surca el campo y lo divide de forma perfecta. "Es Francia", me encuentro pensado, "por supuesto que es perfecta".

Y la Rue de la Bechette deja de existir. Y me encuentro tembloroso en algún otro lugar del cosmos. ¿Me encuentro, de hecho, o solo pienso en hacerlo?

La escapatoria deja de ser feliz, la muerte ya no es tan placentera, los no lugares se transforman en lugares añejos... pero lugares al fin. El no tiempo, vuelve a un tiempo (vertiginoso tiempo el tiempo luego del no tiempo), y la materia vuelve a ser la nada. Y allí estoy yo, mirando un reloj que marca las 6 y algo, con un segundero que marca algo que no son segundos, que se mueve constante hacia un lado y el otro.

Y las 6 marcaron las 5, y el tren llegó a la estación. Y el lugar vuelve a ser un no lugar, y se llena de gente que me ignora y me evita. Y tuerzo la mirada en direcciones opuestas, y la materia vuelve a ser la nada. Cierro los ojos con fuerza, y allí la veo, nuevamente, la Rue de la Bechette se alza a mis pies, dividiendo el camino en espaciosos y majestuosos verdes. "Es Francia", me encuentro pensado, "por supuesto que son espaciosos y majestuosos sus verdes".

¿Pero que ha de ser todo esto, que es y no es al mismo tiempo? Y algo vibra en mi bolsillo, como hace años lo vive haciendo. Y quito con mis manos la intermitente molestia, solo para encontrar ante mis ojos a las nuevas formas que adquiere Hermes. "Pequeño roedor maldito". Y la información llega a mi mente, y mis pies reaccionan sin que yo lo note. No es la Rue de la Bechette por la que me muevo, mi mente lo nota al instante. Pero mis ojos, de nuevo cerrados, evitan que la realidad sea lo que deba ser. "La nada —mi nada— hasta que se demuestre lo contrario".

Pero la empiria golpeó a mi rostro, y algún insulto extranjero me escupió la mente y se anidó en mi cuerpo. Los ojos se abrieron de golpe y el reloj ya no marcaba hora alguna. Mis pasos decidieron llevarme hacia donde lo hacían, y mis ojos recorrieron esperanzados alguna bomba de tiempo en aquel espacio maldito. Una joven de cabellos aclarados se encontraba sentada a pocos metros. Sus ojos verdes, distinguibles a la distancia, me revolvieron el estómago. Cerré los ojos con la esperanza de que la Rue de la Bechette se materializara en mi entorno, pero solo sus ojos se hicieron presentes. "Ese verde", pensé, "el verde de mis pesadillas". Y entonces te levantaste, como la mismísima muerte y viniste a mi encuentro. Recuerdo mi sonrisa falsa en mis labios, y tu sonrisa fría pintada en los tuyos. Te acercaste danzando a andar descubierto, bailando y cortándome el aliento a cada uno de tus pasos. Te detuviste a un suspiro de distancia y me miraste impávida a los ojos.

Y las 5 marcaron las 4, y el tiempo dio paso al no tiempo, y aprovechaste el momento y me devolviste los besos que solo te entrego dormido. Y me desgarraste las lágrimas de los ojos, y me inspiraste más nada que el mismo odio. Y como la mismísima muerte, arremetiste contra mi sin tregua. Sentí en mis entrañas la mofa de tu lengua, y tus manos haciendo surcos en mi espalda, y tus ojos abiertos entre los míos cerrados.

"Te extrañé", te escuché murmurar entre mi pecho. Mis ojos aún cerrados contenían algunas lágrimas traidoras. "Te extrañé", repetiste entre mis labios. Y tomé valor de entre los músculos que no tengo, y me armé de fuerzas que mi mente ya ha perdido, y abrí los ojos para ver la Rue de la Bechette debajo de mis fríos pies. Una gélida llovizna se presentaba temblorosa frente mío, un viento temerario zumbaba ante mis oídos...

Pero no había rastro de tus ojos verdes. Te habías perdido en París, hacía un par de días. Solo quedaba de ti, este amargo recuerdo con sabor a canela.


12 mar. 2018

Tú sabes tu nombre

Tú voz.
Magia.
Mágica magia, tú voz.

Seductora.
Inescrupulosa.
Temeraria.

Tú cuerpo.
Corto.
Pequeño.
Justo.
Perfecto.

¿Las luces apagadas?
Aún así pude verte.
Puedo verte.

Con mis manos recorro lentamente las fronteras de tu cuerpo.
Que se unen con el mío.
En un melancólico movimiento.
Ese movimiento.
Torpe, sí... torpe, pero sincero.

Y encuentro tus ojos mirándome.
Y no son verdes, un alivio.
Y me miran con gracia.
Sonrientes.
Traviesos.

Me gusta pensar, que de tanto en tanto pensás en mí.
Que me imaginás sonriéndote.
Que me imaginás besándote.
Sintiéndote... amándote.

Porque, ¿por qué no?

2 ene. 2018

La carta que quizá alguna vez te mande

J:

Quiero morir. Quiero morir por el simple hecho de que no quiero estar vivo. Quiero nunca haber nacido, quiero dejar de existir.
Hay tantos nombres que me torturan lentamente, en silencio y desde la distancia... pero el tuyo ya no puedo soportarlo. Me hieren, me hieres, con tu maldita indiferencia...Me lo he ganado, me lo he buscado. Es por eso que quiero morir.
Quiero morir porque quiero ser feliz y no puedo. Ser feliz es algo con lo que nunca pude lidiar... nunca entendí eso de "ser feliz", de compartir, de dejarse ser... siempre viví reprimido... reprimiéndome... porque, ¿por qué no?
Y hoy quiero morir...
Juego lentamente a pasar la cuchilla por el brazo, hace cosquillas, amenazante... ella me entiende... un simple empujoncito, un simple impulso y todo habrá comenzado... y terminado, para bien.
Pero no me animo, aún no. Así que simplemente contengo mi rabia, mi tristeza, mi soledad, mi incomprensión en una gran lágrima salada... y la cuchilla sigue jugando con su filo sobre mi piel, "quizá me corte", pienso esperanzado... Quizá lo haga, y quizá muera... pero no me reconforta, no termina de hacerlo. Porque vos vas a seguir con tu maldita vida como si nada, con tu maldita elocuencia, y tu maldita sonrisa falsa de "todo está bien", haciéndome sentir más mierda de lo que ya soy.
Quiero morirme, pero no aún... aún no puedo. Primero voy a destruir todo lo que pueda a mi paso, todo lo que te importe aunque sea un poquito... y voy a verte arder en tu estúpida tristeza ¡Mierda, que voy a disfrutarlo! Y al final... cuando caigas rendido en tu mísera existencia, allí, en ese momento de revelación... en el que te quieras morir pero no lo hagas (porque sos más fuerte que yo, más inteligente... más todo), y lo superes... ¡La puta madre, cuando lo superes..! y yo me de cuenta que en realidad nada de eso me sirvió para nada... Entonces allí, quizá me mate, quizá lo haga...

Te odio tanto...

E.

25 dic. 2017

Ensueño

Si me vas a soñar,
soñame descalzo...
leyendo alguna que otra novela victoriana
en alguna lengua ajena...
Soñame riendo, sonriendo, viviendo cada instante,
cada momento...
pensando, sintiendo.
Soñame sin forro,
soñame terco, desnudo, tibio...
Soñame soñando, soñando pensándote, amándote...
Soñame...

Agarrame las manos y guiame por la noche,
o por el día...
Soñame ciego, esclavo del deseo...
Soñame rico en tanta pobreza...
Soñame hermoso...
Soñame junto al mar, el océano, un río...
agua.
Soñame junto al agua.
Soñame bajo lluvia, perdido, solo...
solo pero contigo.
Soñame pequeño, más pequeño,
imperceptible...
Soñame escribiendo alguna que otra balada vieja,
cantándote un tango...
secándome las manos.
Soñame con las manos húmedas de tanto andar entre los pastos.
Soñame con el pelo enarbolado, alboreado, alborotado...
Soñame entre flores...
Soñame un mate recién preparado,
un café negro, soñame...

Soñame... que yo ya te sueño.

24 dic. 2017

Sol de cuarta vida

Tengo ganas de hacerme un mate que me lleve a recorrer paredes ajenas. Cuatro, de ser posible... que  me inciten e inviten a mirar por la ventana a este sol latente que llama a una lluvia nueva. Y que me abraces por la espalda y te quedes en silencio mirando el horizonte de sucios sonidos a ciudad. Y me invites a hacerte todo lo que quiero que me hagas, y sudemos juntos mientras se hincha el mate a una corta distancia... y que se sienta una risita, tuya o mía, que me obligue a pensar en ojos marrones, tuyos o mios, y que me obligue a olvidarme de esos tantos verdes que me atormentan. Y que volvamos la vista al sol y lo saludemos con un pucho tenue, y mientras cebás un mate me detenga en tu cuerpo desnudo, sudado, impregnado de todo el mío... y que te diga al oído todo lo que siento... lo bueno, lo malo, lo intermedio... y si por alguna razón que desconozco sentís la necesidad de vestirte en mi presencia, encuentres dificil hacerlo... y que te rías y te acerques a darme un beso y me cebes otro mate...